Cine & T.V.

La nueva adaptación de It o si se puede hacer terror cuando ya se ha visto todo

La generación de los noventa no venció al terrorífico payaso Pennywise, creado por Stephen King y tomado para una miniserie a inicios de aquella década, y ahora, 27 años después, vuelve en una nueva adaptación que en los viejos fanáticos ha generado tanta expectación como desconfianza. La miniserie, la novela, el culto hacia el escritor norteamericano, hacen que el escenario para este reciente proyecto no sea fácil, pues, ¿cómo contar otra vez It si la versión anterior es tan conocida?, ¿cómo quitarles de la cabeza a los espectadores al Pennywise de Tim Curry? Y aún más complicado, ¿cómo asustar a la gente en pleno 2017, cuando ya se ha visto todo?

Esta adaptación de It dirigida por el argentino Andy Muschietti intentó superar los obstáculos, pero no siempre salió victoriosa. Vayamos por partes, el filme cuenta la historia de un grupo de adolescentes rechazados que se enfrentan ante los horrores del mundo natural: padres dañados que abusan de ellos, física y psicológicamente; indiferencia de todo un pueblo ante los eventos terribles que suceden en ese lugar, y acoso brutal por parte de sus compañeros de escuela. Para rematar el panorama hostil, aparecen los horres del mundo sobrenatural, surgidos de las alcantarillas en forma de un payaso demencial que los hostiga encarnando sus peores miedos y sus más profundas heridas.

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La crueldad en el tratamiento de estos personajes, entre niños y adolescentes, es un aspecto positivo de la película, pues desde hace tiempo, por lo menos en las producciones de Hollywood, no se maltrataban así a los jóvenes dentro del cine de terror. Hoy día los niños nunca se han vuelto a ver como Regan en El exorcista (1973), que alcanzó el punto más siniestro tras hacer lo que ya todos sabemos con un crucifijo, su partes íntimas y la cara de su madre; por ello, es digno de aplaudir que Muschietti, aunque mucho más sutil de William Friedkin, se atreviera a ir más allá y fuera agresivo con el personaje de Beverly, la única mujer del grupo de amigos, figura muy controvertida desde la novela de King.

Por otro lado, el grupo de los perdedores logra mediante la ternura, compasión o humor, crear empatía con los espectadores; de esta manera, el acecho del mal tendrá mayor efecto, pues existe una genuina identificación con ellos –todos salen de la sala con un loser favorito-. Bill y Georgie Denbrough, interpretados por Jaeden Lieberher y el pequeño Jackson Robert Scott, logran inundar la historia de ternura, aún más de lo que se había logrado en la miniserie. Además de Bill, líder del grupo, el otro que más destaca es Richie Tozier, el perdedor de lentes, pelirrojo en los noventa, ahora personificado por Finn Wolfhard, conocido por su papel estelar en la serie Stranger Things. Sus constantes bromas que honran su sobrenombre “trashmouth”, hacen que se pasen varios ratos agradables y divertidos, sin embargo, ¿esto es lo que pretende una película como It? Precisamente el manejo de este personaje es acierto y falla, pues, si bien el humor es un contrapeso a las escenas de miedo, su reiteración también resulta cansada y rompe con el terror que se había estado trabajando por alcanzar.

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La nueva adaptación está lejos de crear la atmósfera sombría idónea para una historia como It; Derry, el pueblo carcomido por la maldad, choca con el barrio soleado que se presenta en la película, y a pesar de que sabemos que es verano, sin duda se echa de menos al gris de la versión anterior. Lo mismo sucede con la aparición de canciones ochenteras en los momentos menos esperados, los sonidos de Anthrax, The Cure y New Kids On The Block honran toda una década, pero también desconciertan; así, entre el humor constante, los coloridos escenarios y la música, se pierde la tensión que el filme debió construir para tener un efecto poderoso.

Y llega el momento de hablar de la gran figura de esta historia: Pennywise, ahora interpretado por el sueco Bill Skarsgård, quien logró apropiarse del papel y presentarnos a un payaso diferente, siniestro, pero a su manera lunática y violenta, distanciándose del de Tim Curry, mucho más sarcástico al interactuar con los niños. Hay escenas terroríficas y perturbadoras y, salvo algunas emblemáticas que no podían dejarse atrás, en su mayoría son distintas a las de la producción de los noventa, punto destacable, pues el público no puede adivinarlas y está tan indefenso ante el horror como el club de los perdedores.

El trabajo de Skarsgård es bastante digno, pero desafortunadamente se enfrentó con la enfermedad que ataca las películas de terror actuales: el abuso de la digitalización; por ello, el potencial de su actuación se topa con pared, así como su capacidad de ofrecernos a un Pennywise tan real y palpable que podríamos encontrarlo fuera de la pantalla. Pareciera que en este género, al menos la línea norteamericana, ha quedado atrás la era del maquillaje, la creación de la atmósfera, el suspenso, la dosificación en la presentación del monstruo, para dar paso a una desbordante exhibición del horror, donde nada se deja a la imaginación. Pennywise y sus avatares, -entre ellos un leproso que hubiera sido perfecto de no haber sido digitalizado-, aparecen demasiadas veces y exageradamente, saturando el momento, de manera que tanta espectacularidad termina por menguar grandiosas escenas que estaban a punto de lograrse.

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A pesar de todo, esta versión de It tiene sus aciertos. Los niños que en los noventa conocieron lo que es sentir miedo con la miniserie pueden quedarse con un mal sabor de boca y argumentar sus varias fallas, pero hay que considerar que esa generación ha crecido y mucho cine de horror, y horrores de la vida real, han pasado desde esos años; por ello, hay que pensar en esta nueva adaptación desde su contexto, donde parece que ya todo se ha visto y no hay nada que nos pueda asustar o asombrar; bajo esta perspectiva, quizás valga la pena darle una oportunidad, pues en ciertas ocasiones realmente logra alcanzar escenas de terror puro. Por otro lado, habría que ver si esta película logra marcar a la generación actual, como lo logró la otra en aquella década.

Finalmente nos despide la risa de Pennywise, y deja la incógnita sobre qué esperar de la segunda parte, donde la producción tendrá la gran oportunidad no sólo de mejorarse a sí misma respecto a su primera entrega, sino de superar la mal lograda batalla final de la adaptación  anterior y darle forma al extraño desenlace de la novela.

Ya veremos si después de todo el proyecto de Muschietti también flota.

Por: Lorena García

 

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