Música

Destructive POWER: RED FANG EN VIVO

Mi hermano compró los boletos desde su anuncio en redes sociales con el dinero de una beca, un amigo suyo, que nos acompañaría con su novia los obtendría. Me separé de su música, no los escuche durante las semanas al concierto, ni una pista suya, porque sabía que en el momento en que tocaran la primera canción, me volarían la cabeza.

No estaba impaciente, no estaba nervioso, los días se acercaban más, solo tenía dinero para el pasaje. Para cruzar desde el Estado de México para llegar al Foro Alicia es ya una travesía Homérica, pero la costumbre lo ha tratado como cualquier otro camino, mucho tráfico, mucha gente, mucho calor.

Los escuché por primera vez viendo sus videos debido a un comediante, Brian Posehn, quien debidamente aparece como un clerk lector de comics que es introducido con la encantadora frase “disfruten su diarrea”. Ellos vinieron como la ola punk, rápida y sin ser anunciados. Esa energía, ese poder, que en mucho tiempo no había escuchado, se presentó en la forma de un vídeo en el que los miembros de la banda se gastan el dinero del primer cheque en comida, cervezas y la remodelación de un automóvil para la destrucción de objetos distintos, y Red Fang es eso, nueva y pura energía esperando destruir.

Eran las ocho de la noche frente al Foro, al pasar por la multitud que deseaba entrar, jóvenes con el cabello largo y su respectivo chaleco de mezclilla con diversos parches anti-sistema y anti-estereotipo, preguntaban por un boleto de sobra.

Muchos de ellos expresan la comunidad underground “metalera”, si la conoces puedes identificar a los partícipes obligatorios como a los “chavos rucos”, quienes mostraban sus playeras oficiales, los “rockerillos” quienes traían bandas relativas al rock de antaño como The Ramones, Black Sabbath, y sin olvidar las bandas de hard core cuyas letras eran ilegibles ante su escritura sin espacio y la sangre que chorrea de ellas. Además de la infaltable mata larga y pantalones de cuero, los diferentes fanáticos entraban al estrecho Foro, siendo removidos de sus cigarros y del famoso demostrador con las diferentes playeras y discos saludando a los ya extintos coleccionadores de CDs.

La caja sudada que es el foro es ya bastante mítica, con sus paredes tatuadas con grafiti y calcomanías se llena al instante. La norma creada de entre la conciencia de la multitud se presenta, para pasar de entre las masas, una mano al frente para dividir el gentío, con permiso y por favor, extrañas palabras de un grupo vestido mayoritariamente de negro, cuyas bandas favoritas deberían expresar el enojo y el enfado apaciguados por el sistema, pero quién soy yo para juzgar a una comunidad tan educada.

Su espera al escenario era aún más tardada por el otro grupo que hizo un espectacular trabajo al encender a la audiencia, y a los famosos chascarrillos de la gente desesperada por ver a la banda tocar: “¡Ya que toquen”,decían, “¡¿Y Red Fang?!” junto con palabras en inglés pronunciadas a la mexicana, haciéndoles creer que son mejores e importantes merecedores de toda atención.

Aparecieron en momentos breves para acomodar sus instrumentos y de la nada, salieron y tomaron sus lugares, ante el alarido de todos los presentes al verlos salir, se saludaron tal cual apretón de manos al cerrar un gran negocio, pero ahora para la buena suerte y una buena tocada.

Es verdaderamente extraña la sensación que uno tiene al ver personas “famosas” frente a ti, cambio extremo diría yo, entre pantalla o celular, al verlos actuar y moverse de forma no registrada, millones de veces al verlos en sus vídeos y apariciones en vivo en late night shows. Están aquí, son reales.

Y tan real fue el estruendo de una explosión que, de tan pequeño es el foro, retumba de entre los oídos con tal intensidad que la cabeza se mueve hacia atrás por el ruido, Blood Like Cream empezó a sonar.

Mi hermano y yo comenzamos a especular qué canción tocarían y cuáles desearíamos que tocaran durante nuestro camino hacia allá, casi místico, fuera de este universo, cuando tocan las que elegiste.

La furia, los golpes intensos de la batería de John Sherman que explotaban al par de las guitarras y el bajo. Todos saltaban, todos gritaban a la par con el sonido de los cantos de Bryan Giles y Aaron Beam, mientras que la guitarra de David Sullivan, cuyo sudor goteaba de su barba y escupía al suelo sin dejar de tocar, lograba manipular el movimiento de la gente como un títere.

Los pies dolían, la cara se llenaba de sudor al gritar con rabia cada vez que terminaban una canción. Las personas cantaban al par de la banda, pero sin faltar los pequeños momentos en que no se sabían las letras, y aún así no importaba, ellos escuchaban el poder de nuestros gritos y nosotros los proclamábamos, todos bailaban una música que no se bailaba, “a dance for weirdos” tal y como lo dijo Aaron. Bailar del furor, de los gritos, del enojo que emite una guitarra descontenta, para así, despertar a aquellos dormidos, destruir a los calmados y enaltecer a los locos, ese es el poder de Red Fang en vivo.

Las paredes cubiertas de sudor. El suelo con botellas rotas de cerveza. La audiencia, tal como si una ola de mar atacara sin perdón, extasiados por una banda que ya no estaba ahí, se fueron mientras todos trataban de recuperar el aliento, pues su trabajo ya estaba hecho, a todos solo les quedaba aceptar el hecho de que todo había acabado.

Uno no necesita una foto o un vídeo tomados mientras ejecutaban su música, solo es necesario sentir a la gente frente a ti, es tentador, lo sé, pero el impacto de esa primera canción, no un millón de fotos ni un millón de vídeos me harán recordar ese momento.

Pero para ustedes, dejo está foto tomada por uno de mis acompañantes, que no es nada comparado a lo que sucedió. I do remember the times of rock and roll, it was not the reading of old magazines or the occasional track on the radio of old school bands, it was the thundering strike of a guitar live, it was seeing Red Fang play in front of me.

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De Mal Necesario, no una crónica, pero una carta de amor a lo que es en verdad el Rock & Roll: Loud, fast, uncontrollable, capable of making the crowd go wild; the anger exposed to make one free.

Por: Marco Gallardo.

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