Música

Una noche con Rubén Blades: reflexiones sobre la vida, música, literatura y Latinoamérica

Pocos son los conciertos que curan, que te ofrecen una catarsis casi instantánea y al terminar, te hacen ver con otros ojos al mundo y a las personas que en él habitan. Eso fue lo que me pasó después del show de Rubén Blades en el Auditorio Nacional.

A Blades lo he escuchado prácticamente toda mi vida, primero solo por inercia y con el avanzar del tiempo he tomado mayor consciencia de su música y de sus historias, porque es innegable que es un gran narrador. Por ello resultaba tan especial la noche de anoche, pues verlo en acción era una experiencia imperdible.

Lo sorprendente de mirarlo es la lucidez con la que cuenta su forma tan particular de percibir la realidad, las extraordinarias vivencias que ha tenido y que con tanta naturalidad le platica al público, sin perder la humildad, sin dejar de ser aquel que nació en un barrio popular de Panamá y que aún hoy continua con la búsqueda de un cambio en Latinoamérica, porque las canciones de Rubén Blades no son sólo “de protesta”, son un reflejo del contexto en el que él creció, en el que crecieron nuestros padres y abuelos, en el que tú y yo crecemos e intentamos desarrollarnos y sobrevivir cada día.

No obstante, como un respiro a ese mar de realidad, hubo un momento para hablar de literatura y del puente poco perceptible para algunos, que la conecta con la música, especialmente con la salsa, género más fuerte de Blades. Con referencias a su amigo Gabriel García Márquez y una lectura en voz alta del cuento corto “Ojos de perro azul”, previa a su propia versión hecha canción, este cantautor dejó claro que su música puede mirarse desde distintas perspectivas artísticas.

Entre historias y reflexiones, la calidad interpretativa de este panameño de 71 años es destacable y aplaudible, dado que va acompañado de un gran equipo de músicos y técnicos que lo hacen sonar casi impecable en una presentación de 3 horas como esta, donde recorrió sus clásicos como “Plástico”, “Ligia Elena”, “Decisiones” y “Te andan buscando”; canciones antañas y no tanto, un cover de Ray Barretto y otro de Tony Bennett, además de la siempre entrañable “El cantante”, de su autoría, pero inmortalizada por el fallecido Héctor Lavoe.

Sin embargo, el vaivén de emociones, pensamientos y añoranzas que significó la velada no podría haber estado completa sin el ritmo e ironía de Pedro Navaja, siempre vigente entre los presentes, que con nostalgia sabían que el final era inminente, pero que al encenderse las luces, no serían los mismos que el día anterior.

Por: Ro García.

Foto de: Warp.

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