Parasite: Los monstruos no existen, son el sistema

Bong Joon-ho es el director coreano que ha dado mucho de qué hablar durante los últimos años. Su carrera comenzó a ganar notoriedad a inicios de los 2000 lo que llevó su trabajo a un público más amplio a nivel mundial. Siguiendo su corta –pero fructífera- filmografía, Bong consolida su más grande trabajo hasta el momento con Parasite.

Todo comienza con Ki-woo (Choi Woo Shik) y su familia (los Kim), quienes viven en un semisótano dentro de una zona marginal de Seúl. Ese diminuto espacio representa su aplastante realidad. Con los celulares y las manos arriba, Kim y su hermana Ki-jung (Park So Dam), siguen el consejo de su padre (Ki-taek, interpretado por Song Kang Ho) y buscan una señal abierta de wifi; no tardan en recorrer la casa, pues esta es un espacio diminuto para cuatro personas. Para ganar dinero, su madre, Chung-sook (Jang Hye Jin) arma cajas para una pizzería local, actividad en la que participan todos, aunque la paga no es mucha.

Así, un amigo de Ki-woo se irá de intercambio y ha decidido recomendarlo como tutor de la hija de una familia acaudalada. Con dudas y algunas mentiras, el joven logra entrar en el hogar del empresario Dong-ik (Lee Sun Kyun) y su esposa Yeon-kyo (Cho Yeo Jeong), quienes sin darse cuenta, comenzarán a rodearse de la familia Kim…

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Si recuerdas The Host (2006) u Okja (2017), lo más probable es que imaginaras que Parasite tendría algún elemento sobrenatural o fantástico, incluso de ciencia ficción; lo cierto es que no es así. Siguiendo el marcado estilo de Bong Joon-ho, la cinta se resiste a ser encasillada dentro de un género, pero sin dejar de ser funcional y sorprendente.

El tema de las clases sociales guía a Parasite y no deja espacio a dudas dentro de su construcción. Ambas familias podrán estar en contacto dentro de la misma casa, pero sus mundos son completamente opuestos.

La realidad de los Park está envuelta en la luz del sol, donde nada escapa de estar en su lugar. La sala da a un muro de cristal, el cual hace del patio un cuadro vivo; mientras que del lado opuesto, los Kim solo tienen una diminuta ventana a la altura del piso, lo que los coloca en el lugar “idóneo” para disfrutar de la vista cuando algún borracho decide orinar en la calle.

Tanto Bong como el director de fotografía Kyung-pyo Hong, entienden las oportunidades de comunicación que cada escenario puede aportar al interactuar con cada uno de los personajes. Cada cuarto de la casa de los Park (incluyendo el interior del coche) revela parte de la personalidad de los integrantes, pero deja los suficientes espacios oscuros para que cuando llegue el momento, los Kim tengan donde ocultarse, cual cucarachas para que llegado el final del día, puedan bajar por calles deplorables hasta su hogar.

A manera de tragicomedia (por decirle de algún modo), Parasite expone con contundente sutileza ambos lados de una misma moneda, denotando cómo es que las clases privilegiadas ejercen su posición y explorando la respuesta de aquellos que se ven oprimidos.

A diferencia de The Host, no hay un monstruo a simple vista en la cinta, pero son las acciones de los personajes las que revelan que lo monstruoso es el sistema y cómo se expresa en la sociedad.

Por: Edgar Huerta.